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Recapitulando y más

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¡Uff! Pues anda que no ha habido novedades es este tiempo… Perdonad el retraso, pero ando más que liada con la presentación del libro. He decidido haceros un resumen de cómo están las cosas por esta tormentosa planta.          ¿Recordáis esa primera entrada, la del señor que me increpó nada más abrir la puerta? Pues bien, bueno, mal; falleció. Su familia asaltó al médico cuando salía del ascensor de buena mañana y casi le pegan a grito de «facha».          De la segunda entrada, aquella en la que lloré porque se iba un paciente… No he llorado más. Bueno sí, yo lloro mucho, va en mi condición, pero en referencia a emocionarme por la marcha de un paciente y su estimada familia a su hogar, ni una lágrima, en toda caso, palmitas con las orejas.          ¿Os acordáis de «dónde hay patrón no nada marinero»? Os confieso que es una de mis favoritas. He sido una desconsi...

Lo mejor de mi día a día enfermero...

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Va, y me dice el médico antes de irse: —Irene, hay que hacer un traslado. El paciente de la 10 está en situación agónica y le vamos a trasladar a la 5, que es una habitación independiente. Pepito, el paciente que está en esa habitación, ya lo sabe y está conforme. Hasta mañana. En ocasiones, cuando se puede, si un paciente está muy malo, le dejamos solo, entre otras cosas, para respetar el duelo de los familiares, y como ahora disponemos de varias habitaciones independientes, pues es más fácil. Pepito, el de la 5, el que estaba totalmente de acuerdo en irse a compartir habitación a la 10, no tardó ni un segundo en, nada más verme en el pasillo, chistarme: —¡Schhhhh, niña! Fui; era primera hora de la tarde y no me apetecía ir dando lecciones de educación desde primera hora. —¿Qué quieres Pepito? —Niña, no me cambies de habitación, anda, guapa, que me quedan sólo tres días para que me den el alta. ¡Arrrrjjjjjjjj! Esta fue mi cara. ¡¿Pero por qué narices no se lo dicen al...

TENSIONES EN LA PLANTA

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¿Tensiones en la planta? ¿Qué estáis pensando? ¿Broncas, malos rollos, dimes y diretes? ¡¡Qué va!! He jugado con el título para captar vuestra atención, recurso publicitario en toda regla, y aquí os tengo leyendo sin saber de qué narices os voy a hablar esta vez…jiji. Esta vez, voy a intentan sacar jugo, y no va a ser fácil, al acto más detestable, aburrido y monótono que lleva a cabo una enfermera en planta: Tomar las tensiones. Años ha, una mujer de blanco, con un sombrerito curioso en la cabeza, rodeaba el brazo del paciente con un manguito, colocaba su fonendo sobre la arteria braquial, inflaba la perilla, pedía silencio absoluto en la habitación, —le hacían caso—, y se abstraía viendo las agujas del manómetro para escuchar los sonidos de Korotkoff. Ahora, arrastramos un carro malamente, —porque rueda menos que una trolley del todo a cien—, ajustamos el manguito en el brazo del paciente y apretamos un botón. No podemos pedir silencio, no viene a cuento. Y ya, sólo ...

Selva o isla, esa es la cuestión.

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¡Es tan difícil encontrar el punto justo para corregir sin cabrear al corregido, que al final se nos han subido a la chepa y nos están pataleando a la voz de «arre, arre»! Sí, son muchos años ya tratando con gente. Lo que en principio decía —cuando era una adolescente sin experiencia—, que me encantaba, «el trato con la gente», ahora lo he llegado a detestar. A veces, cuando no circulo por Madrid y espero a que el semáforo y el atasco me dejen continuar mi camino, me fijo en esas oficinas y envidio a todos los que allí trabajan. Gente encerrada en pequeños cubículos, con un ordenador y que probablemente se pasan horas y horas, enfrascados en su trabajo sin hablar con nadie. Me encantaría tener un trabajo así. Y soy sociable, bastante, los que me conocen pueden dar fe, pero el trato hospitalario ha golpeado, aturdido y aplastado mis ganas de socializar. Para que me entendáis mucho mejor, os voy a describir varios perfiles que hay en nuestra selva, y que están logrando que fantas...

Conmoción

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Así fueron los hechos: 22:10. Camino después de una dura jornada hacia el parking, charlando con mi compañera. Hablamos sobre… (no es relevante). Un coche pasa a nuestro lado y cuál es mi sorpresa que reconozco al conductor. Él a mi también. Frena. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Es un ex compañero que pasó a una vida mejor (otro servicio). —¡Pero bueno! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal te va por aquel servicio? (tampoco es relevante) —exclamo. —¡Genial! ¿Y por allí? ¿Cómo sigue? —pregunta por cortesía; ya sabe que mal, por eso se fue. Establecemos una usual conversación sobre los cambios en nuestras vidas y después vamos al tema que nos interesa: chismorrear sobre la planta. Le hago un leve resumen de los cambios, de los que él estaba más o menos al tanto, y nos comenta que él conoce a uno de los que han ido a caer allí. —¿Y de qué le conoces? —le pregunto curiosa. —Pues era de mi pandilla, ¿por qué no voy a conocerle? —También es verdad —bromeamos mi compañera y yo. ...

Chirigota del supervisor.

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Divagando por internet, que soy yo mucho de estas cosas, me he encontrado con una chirigota curiosísima. No es que yo esté totalmente conforme, qué va… con lo que admiro yo esa figura laboral, yo nunca podría ejercerla con lo desastre y desordenada que soy. Pero como acaba de terminar el carnaval, y no había escrito nada en referencia, pues ahí va esta chirigota dedicada a nuestros superiores. Música: De mayor quiero ser mujer florero. Ella baila sola. Compositor:  ¿¿¿???? De mayor quiero ser supervisor, metidito en mi despacho te espero yo. La bata blanca bien planchada, me da presencia y un plus en la paga. De mayor quiero ser supervisor y ver curar al inferior Desayunar toda la mañana, ¡vengan cafés, vengan tostadas! Y aunque poco veo a mi personal, se que están, corriendo irán. Es mi sueño, vacío el despacho. Es mi sueño, planillas sin cambios Es mi sueño, que no falte personal Que pidan poco y sonrían más. De mayor quiero ser supervisor, po...

¿A dónde vas con esos leggins?

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        Ya decía yo que la cosa estaba muy tranquila. Aunque no os lo creáis, llevo desde el lunes trabajando y no tenía nada que contar. Estaba empezando a tener sudores fríos nocturnos —cosa más que extraña valorando el gramaje de mi edredón nórdico—, me veía clausurando el blog, despidiéndome de vosotros, de mis “ami-lectores” que tan feliz me hacéis con vuestros cientos y cientos de comentarios —es ironía, no ponéis nada ¡cacho vagos!          Jueves 19.30          Nuestra compañera de Jerez se nos acerca con cara de circunstancias al mostrador donde mi compi con habichuela y yo tecleábamos en el ordenador.          —Chicas, ¿habéis visto a una mujer que va por las habitaciones?          —¿Ehhhh? —contestamos las dos extrañadas.          —Esperad —la diplo...

TIRITITRANDO DE MIEDO

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         Hoy sí que vais a pensar, ¡esta chica se lo inventa! No es posible que una planta dé para tanto. Pero os prometo por mi nuevo libro —y así aprovecho y os cuelo lo de Abrázame que no te quiero—, que todo lo que escribo es verdad, de la buena, de la que no hace falta inventar nada. La realidad supera la ficción, ya lo veréis.          Este fin de semana me ha tocado trabajar —¡oohhh!—. Yo ya iba precavida, sabía que sí o sí, me correspondía llevar esa habitación…    Sábado tres y veinte de la tarde —prácticamente se acaba de marchar el turno de la mañana—. Es costumbre en nuestra unidad el tomarse un café antes de empezar a sacar pastillas y así  estábamos obrando, una asidua a dicha tradición, y mis dos fantásticas compañeras enfermeras. Cuando de pronto escuchamos un montón de gritos, como de hienas, tan agudos que mis tímpanos todavía están resentidos. Las tres saltamos de nuestro asiento y como un vendav...

Una semana sin Paqui.

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                   Una semana sin Paqui, una semana, pero los que la conocíamos, llevábamos más tiempo sin ella. Dos años. Dos años en los que esa mujer de cabello oscuro, tan bella, bellísima por fuera y llena de furia, energía y vida por dentro, nos dejó. Su corazón cesó de latir, sorprendentemente, el quince de febrero, pero su espíritu ya no habitaba en ella. Una enfermedad lo desalojó a golpe de olvidos. Una de las más perversas enfermedades que existen: El Alzheimer. Aquella patología neurodegenerativa incurable hasta el momento.          Todo empezó en 2009, tras la muerte temprana e inesperada de su marido. Paqui comenzó “a perder la cabeza”, a tener olvidos tontos,  a no saber cuánto le tenían que devolver en el Carrefour al pagar, a olvidarse de leer, a no ver bien, a confundir el nombre de sus hijos, a olvidar el de sus nietos. Las alarmas salta...

INGENIERAS DE LA NASA CON PIJAMA

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En muchas ocasiones cuando salgo de una habitación y reparo en las preguntas, ruegos, y dudas que me han expuesto dentro, me cuestiono:          ¿Podrían ficharme los de la NASA? ¿Somos las enfermeras unas eruditas invisibles e infravaloradas? ¿Realmente estoy bastante por encima de la media?          Porque yo os prometo que mi nivel cultural anda  justito, en Historia y Geografía estoy bajo mínimos y descendiendo a la vez que cumplo años y mi memoria hace huecos para nombres de series. Creía sinceramente que era una tipa normal, con un intelecto normal, más o menos como mis compañeras, cada una despunta en algún tema o habilidad, pero visto lo visto, y aunque suene pretencioso:          Enfermeros y enfermeras del mundo ¡somos unos lumbreras!          Y no, no me he levantado con el ego subido y me estoy tiran...