martes, 1 de julio de 2014

YO, ESPÍA.

¿Qué hay de esas veces que vas a la consulta del médico, o de la enfermera, o esperas en una salita de hospital y vas vestido de «civil»?
         ¿No me digáis que no es toda una experiencia? Yo me siento, camuflada con mi ropita de calle, y generalmente me llevo algún entretenimiento; porque por todos es sabido que la hora de espera no te la quita nadie. Como en todas las situaciones donde se congregan humanos, hay diferentes perfiles y esta lerenda es muy de analizarlos.
         ▪Hay quien llega, saluda y se pone a hablar en voz alta para entretener a todo los des-esperados. Da la sensación de que se sienten como pez en el agua, de que no es la primera vez que vienen y de que tienen mucho que contar. Generalmente este rol lo ejercen las generaciones mayores.
         ▪Hay quien ni saluda, y se aposenta dando la espalda a sus contrincantes de espera; pero no os engañéis, escucha al «pez en el agua».
         ▪Y hay quién llega, saluda y se pone a sus quehaceres, sin ocultar que de vez en cuando atiende a la voz cantante. Rara vez participa.
         Esta última soy yo, que me acomodo, oteo a mi alrededor para hacerme un cálculo aproximado de cuánto me va a tocar esperar y saco mi entretenimiento: móvil o e-book.
         El hilo de la conversación suele ser similar: 



         Y ya, con el anzuelo lanzado, siempre alguien, en ocasiones más de uno, adquieren el papel co-protagonista, y participan activamente en la conversación. He aquí, donde —debo de ser una cotilla—, no me entretiene mi entretenimiento y atiendo a la charla, con la sensación de que llevo una gabardina, unas gafas negras y un periódico para ocultarme, porque en un 90% de las veces, el tema es: la sanidad.

         Así, tal cual, sucedió la semana pasada en la sala de espera de mi doctora. Sentaíca y muda, intentando pasarme una pantallita del Candy Crush, oía las críticas a: las esperas en urgencias, a la desinformación, a que le habían hecho una úlcera en el hospital a su marido, a que justo el médico que había operado a su esposo era una eminencia y muy amigo suyo (¡cómo le gusta a la gente presumir de que tiene amigos médicos! cuando es mentira de la buena). Permanecí callada, no les faltaba razón. Pero no recuerdo muy bien cómo, la cosa derivó a que te pasara lo que te pasara te recetaban paracetamol y agua. Levanté mi cabeza del móvil, «¿paracetamol y agua?», me dije a mí misma, «¡Pero si somos el segundo país que consume más fármacos, si los que ingresan en mi planta toman como mínimo cuatro pastillas al día, entre ellas el archi-famoso y falso inocuo omeprazol, y el orfidal, las pastillita para dormir». Pero pude contenerme y permanecí con mi disfraz de espía, «no te incumbe, tú a lo tuyo».
         Pero ya lo sabe mi madre, no he nacido yo para callarme cuando atacan a los míos…
         Pues no va y dice una co-protagonista, que se estaba creciendo y estaba robando el papel a la voz cantante. Cito textual:
         —¡Uy, paracetamol con suerte! Si siempre te mandan el ibuprofeno ese, que no sirve para nada. Eso es aguachirri, y venga a recetarlo. Yo estoy segura de que es el más barato y por eso lo mandan. Lo único que te hace es una úlcera en el estómago. Si está claro que tienen que ahorrar, ¡qué pena!
         «¿Se están metiendo con el ibuprofeno delante de mi cara? ¡Ah, no! ¡Eso sí que no! ¡Se acabó!»
         En ese mismo momento, como si me quitara la gabardina, las gafas, y tirara el periódico al suelo, me desvelé cual principiante.
         —Perdone, pero no. El ibuprofeno sí que es efectivo, depende para qué se lo pauten. Es diferente al paracetamol, que es analgésico, el ibuprofeno es anti-inflamatorio…. Bla, bla, bla. —Les di una clase «magistralilla» de las diferencias y efectos adversos de cada uno.
         Y se hizo el silencio. Todos callaron… ¡Había una espía en la sala! Creé un clima de desconfianza. Os lo prometo. No volvieron a hablar, me imagino que hasta que entré en la consulta, que tuvieron que escucharse diferentes teorías sobre mi profesión.
         Pero no me arrepiento, el ibuprofeno es grande, muy grande, y el enantyum, más. Y juro que los respetaré y defenderé hasta el fin de mis días y que los tomaré —las menos veces posibles— con alimento en el estómago. (Me estoy tragando Isabel, que os la recomiendo encarecidamente, y estoy yo muy de juramentos)

         Y chim pun, pero esta espía vuelve el martes a la consulta; seguro que… continuará.

         

4 comentarios:

  1. Ja,ja muy buena la entrada me ha encantado.
    Besos

    ResponderEliminar
  2. Jejeje, que bueno, yo nunca me llego a destapar

    ResponderEliminar
  3. Verdad verdadera...
    Pero además de la buena, yo creo que todos hemos hecho de espías jajajajajaja sin querer... claro, es que en el fondo aunque no nos lo creamos no llevamos un cartel en la cara que nos delate con un "soy enfermera", de hecho yo no me atrevo a llevar la camiseta de "soy enfermera" a la calle vaya a ser que, o se desmallen a mi paso por casualidades de las bajadas de tensión... o me acosen a preguntas sobre el paracetamol... jajajajajaja.
    La última vez que "espié" sin querer fue esta semana, el lunes para ser exactos, jajajaja, no falla, es que al médico le ponen a caldo perejil..contra... y hablan de lo que tarda con cada paciente... pero los que hablan no se cronometran cuando entran, eh! Allí estuve con mi tableta intentando cazar un poco de 3G, que la administración no está para regalar wifis, y entre que entraba la señal y no me iba enterando del proceso patológico de cada uno. Que también es de agradecer que no hablen de Telecinco, oiga! Pero... 2 horas de espera como está manda'o... que "los de la casa" también sabemos esperar, ¡que conste en acta!
    A caer de un burrico pusieron a mi médico, que no lo digo porque sea mío, sino más bien soy yo suya... de su cupo de pacientes... jajajajaja
    Pero en dos horas sabes lo que no vi?
    Pues no vi salir a mi médico, ni para desbeber el café de la mañana... que eso tampoco es bueno, porque esperemos lo que esperemos nunca estamos el suficiente tiempo para saber cuantas horas se pasa el galeno sentado sin beber ni hacer pipí... porque cuando salimos de la consulta lo hacemos con cara de suficiencia diciendo..."Bueno, ya me atendió! " y la sonrisa nos da un giro de 360º al rededor de la cara...
    Bueno, disculpa todo este discurso, si sólo pasaba por aquí, pero viendo que estabas pues me dije" quédate a saludar" y eso he hecho, pero claro ya me conoces Irene, una cosa lleva a la otra y como no nos vemos desde mayo, pues digo, vamos a echar una parrafada, No?.
    Una parrafada y unas risas, sólo nos ha faltado una clarita sin alcohol, que debemos promocionar el consumo responsable, y hablando de consumo...¿cuando nos vamos de rebajas? jajajajajaja
    Bueno, te dejo que voy a escribir mi post... por cierto, estate atenta que algo escribiré sobre ti. Besitos sabrosa fruta de verano !

    ResponderEliminar