lunes, 20 de mayo de 2019

"La OPE ya cayó, oh, oh, oh..."


          A todos aquellos opositores:

         Imaginadme como vuestra madre cuando os caíais e ibais llorando a sus brazos por mero susto, no por dolor, y ella os abrazaba y os consolaba diciéndoos : ya pasó, schhhh, ya pasó.
         ¡Sorpresa! Esa, hoy, soy yo.
         Chicos... ¡Ya pasó! Schhh (y subrayo este "schhhh" para que dejéis el temita ya que estamos empachados, no os diré más que Amazon ha dejado de hacer escuchas en casas de enfermeras de puro aburrimiento).





         Más de un año de nervios, de fechas, de posibilidades, de buscar apuntes, de ver que tus compañeros van a tope y a ti no te la da vida, de apuntarse a carísimas academias (que cuestan más al mes que las entradas de todos los musicales de la Gran Vía).
         Más de un año de estudiar escalas, vacunas y leyes (a mí estas tres me dan mucho más susto que el tripartirto o la foto de Colón y ya es decir).
         Más de un año de quedarse en casa y ver desde tu ventana (quien dice ventana, dice móvil, la ventana tecnológica), que la vida de tu gente sigue y tú te la estás perdiendo. De decir que no a planes estupendos porque tienes que... estudiar y tus amigos "civiles" te miran con cara rara y ves que piensan "pero si está muy mayor para estudiar, ¿no tenía carrera ya?".
         Más de un año de hacer test, simulacros y perderse todas las series que lo están petando. De no saber que es GoT y volverse loco pensando que hablan de una enzima hepática. De ganar unos kilitos porque por mucho que digan algunos estudios de la universidad de Sri Lanka: estudiar, amigos, no adelgaza. Tampoco ayuda hincharse a chocolate y gominolas para pasar el trance.
         En definitiva: más de un año de esfuerzo para lograr una plaza en sanidad mientras que trabajas y convives con tu familia. Se dice pronto... pero no. Ha debido de ser muy duro. Así que desde mi ordenador os digo una cosa: ¡compañeros, sois unos cracks!
         Y... ¿qué vais a hacer ahora?
         Pues lamento deciros que el temita sigue... porque ahora llega el estrés de dimes y diretes, de que tu compañera con contactos te perjura en hebreo que mañana sale la nota de corte (al igual que la semana pasada), que la otra asegura que se va a quedar en 65, que alguien conoce a una con un diez, que los sindicatos creen que van a ampliar plazas, que otros sindicatos quieren impugnar el examen al completo... los nervios y el insomnio compartirán taquilla contigo.
         Y tendréis que echar papeles, para postre. Ya veréis qué divertido. Os surgirán miles de dudas, como si no hubieseis echado papeles nunca (¡ja!), pero aquí te juegas mucho más y quieres que te cuente hasta el graduado escolar. Veréis qué de bulos (las "fake news enfermeriles"). No os desvelo ninguno, os dejo que los disfrutéis en su momento.
         Y si al final llegáis a la meta y sois afortunados, eso ya es la bomba. Vais a olvidaros de dormir más o menos un mes. Porque tu vida va a cambiar de turno, de hospital, de planilla, de servicio y de compañeros de un día para otro. Habrá quien lo digiera mejor que la leche sin lactosa pero a otros, como yo, se nos forma una bola que no hay ácido clorhídrico en el mundo que la deshaga.

             Clica aquí sin miedo y verás...
         

       Por todo esto, os repito, como un mantra... ya pasó, chicos. Si queréis os lo cantó: "La Ope ya cayó, ohhh, ohhh, solo quedó la alegría". Espero que quedéis mejor que en Eurovisión y os llevéis muchos "twelve points", a pesar de que nuestro representante en Israel lo hizo muy bien, pero como la OPE misma, a veces, a pesar del esfuerzo, no se obtienen los resultados merecidos.

         Por todo esto os digo: recuperad vuestra vida y mejoradla. A viajar, enchufaros todas las series perdidas, no entréis en casa, quedad con los amigos que apartasteis hace un año por los apuntes y... (ahora viene lo bueno): ¡A leer!
        




¿Y qué mejor que leer a una compañera que tiene un montón de libros de todos los colores, tipos, y sabores?




         Os invito (es un decir, los libros hay que comprarlos, pero son baratitos), a conocerme. Os vais a divertir. Escribo fresquito y para todos los públicos. Si os gusta el misterio, los giros, las sorpresas y la comedia romántica soy toda vuestra.


         Pero sobre todos, amigos, disfrutad, porque (os prometo que resuena ahora como un taladro en mi cabeza "la OPE ya cayó, oh, oh, oh...).
         Mi más sincera enhorabuena.



         POSDATA: Los expertos recomiendan un paseíto por la feria del libro de Madrid estos días que va a hacer bueno.




        



domingo, 10 de febrero de 2019

NOCHES DE UCI

            Segunda noche. 4.30 de la mañana. Cuerpos cansados. Piernas en alto en sillas y sillones.
            Suena el teléfono. El corazón se nos sale por la boca del susto. Esther lo coge. La escuchamos:


     
            —No sabíamos nada de un ingreso... —conmoción generalizada—. Vale...
            No nos hace falta hablar. Se nos complicó la noche y nadie nos había avisado. Muy mal. Comenzamos a prepararnos. Toñi mueve los sillones más rápido que un profesional de las mudanzas.
            Veinte segundos después, Verónica dice asustada:
            —Ya están ahí...
            Se abre la puerta de la UCI y entran cinco SAMUR y un paciente en camilla invadiendo nuestra unidad.



           
         Nos faltó cubrirnos a lo Robbie. Nuestros ojos de corderito degollado no podían ni asimilar lo que el SAMUR nos contaba de paciente secundario, pero entre todas bloqueamos, inconscientemente, su acceso.

            

       —Llama al médico —dije yo con voz de ultratumba y más enfadada que un comentarista de GH.
            Esther regresa al teléfono.
            —Oye, Deme —el intensivista—. Está aquí el Samur con un ingreso...—Entonces la escuchamos decir aliviada la frase más bonita de esa noche—: ¡Ah! !Es a la coronaria!

            Samur que se disculpa por su interrupción. Ahora sí todas reímos. Toñi recoloca los sillones. Piernas en alto. Bromitas repitiendo la jugada. Final feliz (menos para los de la coronaria).



jueves, 8 de noviembre de 2018

Luna os cuenta:

Hola amigos!!
Hoy os traigo un experimento. He publicado en mi canal de youtube un podcast de Luna leyendo las primeras páginas de su historia.
¿Os apetece escucharla?

https://www.youtube.com/watch?v=Uqm6v_g9FxA&t=9s

lunes, 29 de octubre de 2018

Al barro, que ya iba tocando...




         Suelo servirme de ejemplos para explicar muchas cosas de las que me rodean, es mucho más sencillo que dar teoría a secas, y algo que nos rodea sí o sí, son los móviles.
         No creo que a nadie le cueste entenderme cuando digo, lo suelo usar, que nací sin varias aplicaciones en mi cabeza. Os hago la lista de las que me faltan por completo:
         -El GPS.
         -La agenda que te avisa de los cumpleaños.
         -Alguna que tenga que ver con el orden.
         Venga, haced reflexión, ¿sois perfectos? ¿Admitís que os falta alguna?
         Hay veces que algunas aplicaciones con las que sí nací se me descalibran y tengo que resetearlas porque me dan problemas:
         -Mi nivel de batería (que viene a ser la intensidad con la que a veces me tomo las cosas).
         -Mi linterna (porque a veces voy a ciegas y sin frenos cuando me arranco).
         Pero en lo que yo nunca había reparado y hoy sí lo voy a hacer (que me perdone Dios) es que puede que cuando yo considero que alguien nació sin alguna aplicación más bien sea que la suya sea Android y la mía IOS.
         Me explico, para ser más claritos. Vamos a hablar de la aplicación: SER JUSTOS.
         Y os pongo un ejemplo por poner.


        
        Imaginad que en el servicio en el que trabajo se obliga a hacer un curso para el personal de enfermería en dos días con la premisa que debe ser en tus días libres sí o sí. Imaginad que te apuntas los días que puedes y asistes al curso, que ya te "jode" perder tus amados y escasos "L" en volver al hospital, pero eres un corderito y ni te lo piensas (quizás porque el día que te apuntaste la linterna no la tenías funcionante).
         Cuando te quieres dar cuenta ese mismo curso lo han hecho compañeros tuyos en su jornada de trabajo porque quién dictó las premisas anteriores sobre la marcha estima que sí que pueden salir "algunos" y así no perder sus días libres.
         Y es ahí cuando mi sistema operativo se calienta y mi aplicación de SER JUSTO se activa con un pitido en mis oídos de los más molesto.
         Pero como a quien dictó las normas ya le voy conociendo no me hace falta preguntarle para escuchar su respuesta, me imagino que sería algo parecido a esto (conste en acta que me lo saco de la manga, pero algo me dice que van por ahí los tiros):
         «¿No te puedes alegrar porque tus compañeros no tengan que perder sus días libres como has hecho tú?»
         Y sí, podría, pero yo soy IOS y tú ANDROID. Y es ahí, donde me quiero quedar y hacer mi reflexión. Quizás sí que sea justo y yo no sea capaz de verlo porque mi sistema y el suyo son enemigos íntimos y están diseñados para elegir lo contrario y por muchas vueltas que le demos no nacimos para entendernos. Quizás donde yo veo carencia es diferencia.


         ¿Se me ha entendido?
         ¿Qué opináis?
         ¿Sois IOS? ¿Android? ¿Os falta alguna aplicación a vosotros o a los que os rodean?
         Después de este ejercicio de reflexión para calmar las alarmas de mi móvil mental y seguir mi día a día feliz y cordera, me quedo con dos conclusiones:
         1)¿Por qué no inventan una aplicación "SER JUSTOS" objetiva y nos las descargan gratuitamente a todos para hacernos la vida más fácil?
         2) La próxima vez reviso mi linterna antes de apuntarme a nada (si ya lo barruntaba la Nightingale...).



viernes, 19 de octubre de 2018

Ratio enfermero-paciente suspenso.


         
         —Perdona...
         (Cinco minutos después)
         —Perdonaa...
         (Siete minutos después)
         —Perdonaaa —al fin consigues que el camarero te mire—¿me traes la cuenta?


         Te vas del bar un cuarto de hora después con un cabreo histórico jurando en hebreo que no vas a volver porque no has recibido el trato que mereces y que has pagado.
         ¿Habéis vivido alguna vez esta escena? Seguro que sí, se repite mucho, es España cada vez nos gusta más apurar en personal. Pero permitidme enviarle "a los que mandan" un tópico de toda la vida para ver si así lo entienden: una cosa es una cosa y otra es mucho distinta... En Sanidad no por favor, estamos hablando de vidas, de nuestras vidas.


        
        Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en la UE, la ratio de enfermeras por cada 1.000 habitantes es de 8,8, mientras que en nuestro país es de 5,3. Solo cuatro países de la UE tienen menos enfermeras que España: Bulgaria, Chipre, Grecia y Estonia.
         ¿Qué conlleva esto? Fácil... RIESGO.
         Que haya menos enfermeros aumenta la morbi-mortalidad, no lo digo yo, lo aseguran multitud de estudios y de expertos, y repito estamos hablando de vidas, de nuestras vidas.
         Por no hablar de las cargas de trabajo de los profesionales, cada vez hay más estrés laboral. Pero, ¿y si miramos al otro lado?, en la otra orilla los usuarios también se muestran más estresados, insatisfechos y desbordados tanto que hasta llegan a agredir al personal sanitario (asunto injustificable pero cada vez más actual).
         Me harté de escribirlo en este blog cuando trabajaba en una planta y tenía más contacto con las familias, en bastantes ocasiones el trato era hostil, la gente venía muy enfadada y desconfiaba de todo, posiblemente motivados porque ya habían ingresado otras veces y no se habían sentido satisfechos (evidentemente hay gente que se va agradecida y feliz, menos mal).
         ¿Tú volverías a ese bar en el que  hay días que los camareros van con prisa y te atienden tarde y acelerados por muy rica que esté la comida?
         No, verdad.
         Pues aquí no nos queda otra.
         Los que llevamos ya tiempo trabajando en esto no vemos que la cosa mejore, todo lo contrario, la sensación es que va a peor, las bajas se cubren mal y tarde. La frase "hoy somos una menos" se repite con mucha más asiduidad de lo que debería, el ritmo en el turno es extenuante porque además de ser menos personal cada vez se nos exige más (asunto divertido porque generalmente las nuevas tareas se inventan por la seguridad del paciente"). Que no digo yo, que no soy una experta en adhesivos, que poner pegatinas de colores evite que me equivoque pero lo que sí que te aseguro es que me quita tiempo. O que rellenar mil escalas asegure el buen cuidado de tu enfermo, pero el medio turno que te pasas al ordenador se lo quitas a él.
         Si tuvieras que contratar seguridad para tu casa porque hay un sin fin de robos en tu zona, ¿a quién lo harías?, ¿a un vigilante que transita de pascuas a ramos porque circula por toda la urbanización o a varios? Los enfermeros somos los que estamos las veinticuatro horas con los pacientes, invertir en nosotros es hacerlo en seguridad, en seguridad de calidad, porque para eso nos hemos formado, creo que no debe de ser muy difícil de entender. Somos como el mejor guardia en el que se puede confiar para vigilar la salud de los usuarios. ¿No creéis?


         ¿Por qué he puesto el ejemplo al inicio del camarero? Porque yo misma, en alguna ocasión, he bajado el cuello y me he hecho la sorda cuando me llamaban puesto que no daba abasto, es lamentable reconocerlo, pero si te abordan por mil sitios a todos no puedes responder, por lo menos bien, o por lo menos yo.
         Y yo casi siempre he trabajado en público, pero lo de la privada... eso es peor que el Primark. Allí no hay ratio enfermera- paciente, allí se mide el enfermero-kilómetro o eso nos cuentan los que trabajan en muchos hospitales y residencias privadas y parecen historias de terror.
         Nada más que añadir, solo que espero, confío y deseo que este estudio se entienda bien y decidan apostar por la salud. La salud de nuestras vidas. Más enfermeros no debería ser una utopía, debería ser una realidad.

sábado, 6 de octubre de 2018

EL PUTO ERROR AL ACECHO




         No se me va de la cabeza, ni creo que a nadie... la noticia de esta semana, la trágica noticia. Esa que si saliese un duende de una lámpara y me concediera tres deseos uno de ellos sería echar el tiempo para atrás y volver a la mañana del miércoles e impedir que ese hombre se despistara.
         No se me va de la cabeza, ni creo que a nadie... el error, siempre al acecho, porque somos personas y ya se sabe que imperfectos y ya se sabe que todos cometemos errores, y ya se sabe que todavía hay gente que se cree a salvo.
         Pero no. Yo llevo estos días mirando a mi pequeña con más dulzura, amor y cuidado que otras veces, porque se me ha colado en el alma y le pido al cielo que los errores que yo cometa con ella, porque los cometeré, no sean tan tremendos. Subrayo: nadie está a salvo.
         Vivimos "en prisa", ya no "deprisa", nos hemos superado, la urgencia ya viene en nuestros genes, nada más despertar ya corremos, hasta de vacaciones nos estresamos. No me puedo imaginar lo que es llevar a cuatro niños a sus respectivos colegios, ese amanecer, ese desayuno, ese prepara las mochilas, móntate en el coche, devuélvele el juguete a tu hermano, no os peguéis, bla, bla, bla... Y si me puedo imaginar (habrá quien no, pero yo sí) que te suena el teléfono, que tu hija se ha quedado calladita en su silla y te despistas y te crees que ya la has llevado a su guardería, como ayer y antes de ayer...
         Y no se me va de la cabeza esa niña ahí... ni a esos padres cuando descubrieron el puto error que ha destrozado sus vidas.
         No hay palabras de consuelo para esa familia y menos para ese hombre. Yo solo puedo decir que le ha tocado a él, que ese día el error andaba al acecho y se aprovechó de su despiste, que "gracias" a él va a ser difícil que esto vuelva a suceder en España durante unos años y que esa niña quizás salve a algunos otros. Pero que errores cometemos todos y aunque este haya acarreado la peor consecuencia nadie se equivoca queriendo y menos con tus propios hijos.
         Trabajo en un hospital y se mete la pata y claro que hay despistes. El miedo que se siente cuando te das cuenta de que te has equivocado no se lo deseo a nadie, te tiembla el cuerpo por dentro porque hablamos de la vida de otro que está en tus manos. Y nadie quiere errar pero sucede. Yo lo admito, hay quien no.
         Padre de esa niña, yo te entiendo y te envío todo mi apoyo, que de nada te sirve, pero te lo envío porque no eres perfecto y te ha tocado a ti el castigo más cruel que se pueda imaginar. Espero que tu familia te arrope y sepa comprenderlo. Muchos lo hacemos. A los que no, por favor, respetad su dolor y dejaros de maldecir en redes, rezad porque cuando el error vuelva al acecho no se cebe con vosotros.
     
                                 DESCANSA EN PAZ, PEQUEÑA




sábado, 29 de septiembre de 2018

LUNA PARA DOS (o para el que quiera leerla)


         En estos tiempos convulsos para la enfermería (y cuando no es Pascua en Domingo), se me ocurre a mí publicar un libro.
         Sí, tiempos muy desagradables, en los que se ha valorado nuestro trabajo con una vara de medir envenenada. Me refiero a la carrera profesional, las dos palabras más pronunciadas en mi hospital en estas últimas semanas. La pena, la triste pena, es que aquello que podría habernos suscitado una gran alegría al oírlo ahora nos provoca arcadas, cuando no migrañas (por no generalizar creo que hay siete personas contentas en Madrid).
         De pequeña pensé que los malos solo estaban en los cuentos, de adolescente, en cambio, en las discotecas, después me absorbió la vena "hippie" y aposté que no había malas personas, que era cultural o patológico, con los "ventitodos" me fui desengañando y ahora, a mis treinta más que cumpliditos, me da mucha pena admitir que sí que existen y suelen tener poder. El poder de humillarnos y negarnos (por escrito) nuestros años trabajados. El poder de inventarse nuevas normas, como críos para no dejar sus juguetes, y no calificarnos como merecemos, o como se han merecido otros muchos profesionales en otros tiempos. Porque lo digo y ahora lo escribo, no hay un agravio comparativo más grande en el sistema público (a mi parecer), que la carrera profesional de los sanitarios.
         Y sí, en estos tiempos en los que nuestro trabajo se valora en contratos, o en años que valen y años que no, dependiendo de si has hecho un cursito de treinta horas anual, a mí se me ocurre publicar Luna para dos. Una novela bonita, tal cual. Eso es, porque a mí me gusta que la gente de mi alrededor sonría, y aun más mis lectores. Me apasiona que abran un libro mío y no tengan ni idea de cómo va a terminar. Luna para dos es diferente, una novela plagada de giros, espías, decisiones y pasión porque como como dicta la sinopsis, así es la vida, plural y repentina.


        
       Luna, que no es enfermera, estudia la caída del cabello y puede que estén cerca, muy cerca de dar con el tratamiento que acabe con la alopecia. En su vida todo rueda como la seda hasta que tras experimentar un momento increíblemente bochornoso  su torre de marfil se derrumba y comienza su verdadera historia, una que no podrás olvidar.
         Se me ocurre que quizás no esté tan mal que salga ahora mi novela, que puede que enganche y haga olvidar los malos tragos, al fin y al cabo para eso se inventó la literatura, para hacernos volar y viajar a otras vidas. Nuestra profesión no está tan lejos, conocemos a mucha gente en nuestra cotidianidad y cuidamos de ellos. Soy una afortunada por tener dos profesiones tan reales y tan humanas.


         
         Habrá malos, lo lamento por ellos, tomaremos las medidas pertinentes para silenciarles, pero estoy segura de que mis compañeros afectados encontrarán la forma de confinarlos al olvido en el día a día y puede que Luna para dos los ayude con la tarea.


        
           
        
          
          

martes, 14 de noviembre de 2017

Confesiones. Ni un zapato más, ni una menos.

        ¿Cómo vamos?
         Hoy escribo esta entrada porque no puedo mantenerme callada. Hoy os voy a desvelar uno de los secretos que se ocultan en Ni un zapato más, un secreto que escondí para nosotras, para ellas, para todas, pero sobre todo para aquellas que perdieron su vida a mano de "ellos".


         
        Ayer, mientras veía las noticias de las 21h, lloré, nada novedoso, me imagino que a muchos también las lágrimas impotentes se les manifestaron al descubrir ese tremendo parricidio. Un "padre" degollaba a su hija de dos años como venganza porque su pareja acababa de salir a denunciarle. Una niña de dos años ha muerto en manos de la persona que le dio la vida, de su padre, del que iba a aprender a atarse los zapatos, del que le tenía que leer cuentos, enseñarle a jugar con la pelota, montar en bici... y él cometió el acto más deleznable que mi mente puede digerir: arrancar de cuajo todas esas vivencias a tu pequeño, al que tú, moral y legalmente, optaste por criar.
         Siempre pruebo a ponerme en la piel del otro, entender porque las personas actúan como actúan, quizás sea defecto de escritora. En este caso ni lo voy a intentar, porque me duele tanto y me resulta tan incomprensible que me ahogo. Soy madre y solo pensar que a mi pequeña le pueda pasar algo me descuelga los órganos por segundos para revolverme el cuerpo. Pero no hace falta ser "papa" para entenderlo, lo sucedido ayer descompone el cuerpo a cualquiera con un mínimo de conciencia
         Hace unos días también nos torturó la noticia de que un hombre había matado a tiros a su ex-pareja delante de su hijo, a la salida del colegio. Frente a muchos niños. Pequeños a los que se les ha arrebatado un pedazo de su infancia para siempre y que temerán ser adultos para no ser tan malos como aquel asesino. Por no hablar de ese niño de tres años que ha perdido a su madre para siempre. Me duele el alma, literalmente.
         ¿Qué demonios nos está pasando? ¿Realmente estamos civilizados? ¿O somos una panda de engreídos con ínfulas de "progres" en un mundo insensible, cruel y desfasado?

         Y sí, ya sé que habéis leído las noticias, que no os estoy descubriendo nada, pero, en parte, necesitaba desahogarme y aprovechar para desvelaros uno de los secretos que esconde Ni un zapato más.
         No os digo en qué forma, ya lo averiguaréis, pero en este último libro hay un homenaje a aquellas mujeres que perdieron su vida en manos de sus parejas en 2016 y 2017.
         ¿Por qué?                                                                          
         Porque se me encendió esa idea y ni fui capaz de apagarla; ni quise.
         ¿Por qué se me ocurrió?
         Por la similitud del título con el eslogan "Ni una menos", porque por eso se titula así. Desaparecen mujeres y uno de sus zapatos amanece en la puerta del policía que investiga el caso. El ruega al cielo que no haya más zapatos esperándole. Ni un zapato más.
         Pero este no es el caso que hoy me ocupa. Hoy me alegro, entre comillas, de haber escrito ese homenaje aunque no pegara "ni con cola" en el estilo del libro. Porque el ser humano está programado para ayudar (aunque no lo sepamos), para intentar "hacer algo" en los malos momentos ajenos, y aunque escribir unas líneas sea tan poco que es irrisorio para aquellos que están sufriendo los daños directos o colaterales de esta lacra, yo siento que estoy madurando como autora y me calma. Porque escribes para ti pero te leen los demás (una suerte), tenemos voz y podemos remover alguna oscura conciencia o educar a quién está empezando a torcerse.
         Autores, autoras, escribamos sabiendo que nos leen, y, en concreto, en romántica, gente muy joven, que está eligiendo su destino y forjando su carácter. Dejemos claro que los celos excesivos, la manipulación, el control y el menosprecio son signos inequívocos de maltrato psicológico. Porque quizás sí se puede hacer algo, porque gracias a nuestro karma tenemos voz y hay a quién le gusta leerla. Seamos coherentes.
         Hablo para autores, pero lo podemos extrapolar a la sociedad en general, porque todos tenemos a gente que nos escucha y niños alrededor. Porque no hay que callar, hay que actuar y ayudar. Dejo claro que, en mi opinión, la clave en la erradicación de la violencia de género reside en la educación.

         Me he ido por las ramas, lo sé, yo venía a desvelaros un homenaje, la reivindicación que escondía Ni un zapato más y la parrafada me ha salido sola. No me arrepiento, las circunstancias, tristemente, lo merecen.
         Solo me queda decir:
         Es un sinsentido que estéis muertas. Asesinadas...  pequeña de dos años, Jessica, descansad en paz.
         Ojalá el homenaje que escribí en Ni un zapato más os llegue a todas, pero sobre todo, ojalá no tenga que volver a escribirlo en mi siguiente libro.
         Un abrazo.
        

          
        
        


lunes, 3 de octubre de 2016

Qué se preparen los de Anatomía de Grey

          Ahora sí que sí, por fin me atrevo a decir que mi siguiente novela sí que está relacionada con el universo sanitario. La historia nace en un hospital, como tantas y tantas. Porque nuestro mundo da para mucho, no solo es cuestión de técnicas, pruebas, tratamientos, cuidados... en nuestro mundo también se fraguan grandes historias de amor (y rupturas posteriores que dan para muchos cafés cotillescos). Y eso es lo que debería suceder en "Si tiene que ser" (lo del amor) y puede que lo haga, pero para saberlo tendréis que leerla, golfillos...
         Pero no solo se trata de amor, ya me conocéis, según avanza la historia veremos como los protagonistas se enfrentan a la vida (o la vida a ellos) y no les quedará otra que tomar decisiones trascendentales e importantes. Es una novela muy coral donde se unen familia, amistad, amor y sorpresas y todo ello con un toque divertido, fresco y original, o eso intento, por lo menos el narrador de la historia seguro que os sorprenderá.


         ¿Qué hay del mundo sanitario? Pues de todo, problemas en la contratación, relaciones entre compañeros, noches, guardias, pacientes agresivos, pinchazos accidentales... en fin, nuestra vida contada de la manera más natural y sencilla, sin parafernalias.

         Es una novela que estoy deseando que vea la luz porque creo que es muy redonda. La dividí en cuatro partes bastante diferentes entre ellas, sobre todo la última, en la que todo cambia. Yo diría que es mi novela más arriesgada por lo diferente, pero creo que puede pellizcar a mucha gente porque los personajes son muy especiales. Esa es mi intención: pellizcar almas mientras os divertís leyendo.
         Y como no quiero contar más solo añadiré que espero que os guste porque está escrita con mucho cariño y sobre todo, muchas ganas.
         Para celebrar que sale a la venta, tiro la casa por la ventana (mi casa es tan pequeña que cabe) y sorteo un ejemplar. ¿Qué tenéis que hacer? Compartid este post y dejarme un comentario en facebook con vuestra opinión para saber que lo habéis compartido.


         

viernes, 20 de mayo de 2016

UNA ES ENFERMERA AUNQUE NO QUIERA

         ¿Por qué digo esto? No, no temáis, no voy a volver a vestirme de negatividad o como dice mi madre, « y venga la burra al trigo». Titulo esta entrada así, primero, porque rima y segundo porque ayer me corté.
         ¿Mucho más claro? ¿No?      
         Vale, ha llegado el momento de contaros el porqué de este vacío informativo en mi blog: estoy de baja desde hace meses y es por eso que no tengo mucho que contar y además he estado compilando entradas y escribiendo algunas nuevas para un futuro proyecto. Respecto a mi baja, no me pasa nada malo, de hecho me pasa lo más bonito que me ha sucedido jamás: una pequeña sirena anda dando pataditas en mi abdomen y los médicos prefieren que su mamá no vaya a trabajar para que crezca sana y fuerte.
         Hechas las aclaraciones, si retomamos el título de la entrada entiendo que no entendéis nada o sois listos como avispas (que no seré yo quien lo dude). Pero para los que preferís alguna aclaración, ¡allá voy!
         Ayer me sajé medio dedo pulgar (ya será menos) cortando melón (un clásico veraniego). Estaba sola (miento, estaba Kala, mi perrita, pero ya me dirás tú). Sentí que el corte era profundo pero no quise indagar mucho no fuera a ser que entre el calor, tanta hormona y el no poder sincoparme a gusto (como se desmayan todas las embarazadas en la tele) me cayera redonda (nunca mejor dicho porque de tan poco moverme empiezan a no distinguírseme las articulaciones, tipo Naranjito).


         Y aunque pensaba que se me estaba olvidado mi profesión, la enfermera que habita en mí se puso a la faena con una efectividad meritoria. En seguida fui al grifo a lavar la herida con agua fría, después lo cubrí con papel de cocina (es lo que había) y subí la mano por encima del corazón para disminuir el riego, con la otra mano abrí el congelador y busqué un cubito de hielo para mermar la vascularización. Fui hacia donde tengo el botiquín (en un baño) y recé porque me quedara algún punto americano (de esos que se te caen a los bolsillos del pijama y ya que están, pues te lo llevas a casa). No, no tenía ningún antiséptico ( así que toca confiar en mis defensas) pero sí había puntos americanos. Con la mano decente los corté y en menos que canta un gallo tenía la hemorragia controlada y mi dedo cubierto con una gasita y esparadrapo (el esparadrapo de farmacia, cosa que me sorprendió).
  

         Cuando me volví a sentar para comerme la rajita de melón, con toda esa adrenalina corriendo por mis venas (es lo que tiene estar de baja, puede que esto sea de lo más emocionante en mis últimos meses), me di cuenta de que SOY ENFERMERA, que lo llevo dentro de mí, que mi cabeza piensa a la velocidad de la luz (o más) cuando de accidentes se trata. No creo que otras profesiones estén tan incrustadas en el profesional que las ejerza. Me explico con ejemplos.
         Ahora llega el calorcito, las venas se dilatan, por la calle los edemas maleolares afloran como los mosquitos... decidme que no sufrís cuando veis esos miembros inferiores hinchados como patas de elefante calzando zapatos planos, o cruzando las piernas. ¿No os entran ganas de aconsejarle al sufridor que use otro calzado más favorecedor para la vascularización o que descruce las piernas? ¿Soy yo la rara?


         ¿Y cuando alguien se desmaya cerca de ti y ves como un tropel de gente (con buena voluntad, pero tropel) le rodean y a nadie se le ocurre lo de subir las piernas? ¿No sufrís?

         Por no hablar de todas esas venas que ves (sobre todo en los gimnasios) gruesas, rectitas, hechas para prácticas y fantaseas con canalizarlas con abbocaths mínimo del 16.
         ¿O cuando os cruzáis con alguien con esa color azuladillo en mejillas, capilares a la vista, tos perruna y le veis fumándose un cigarrillo tan pancho? ¿No os entran  ganas de arrancarle el cigarro de cuajo y decirle que tiene el EPOC garantizado?
         Y esas veces que vas tranquila por el parque (desde que estoy de baja es mi actividad diaria) y te cruzas con un running dominguero, que salta a la vista que corre una vez al mes, rojo como un tomate, robando todo el aire del parque y sudando la gota gorda, ¿no te entran ganas de aconsejarle otro deporte menos agresivo para su corazón?
         Por supuesto no me olvido de todas esas preguntas que familiares, vecinos, conocidos o cualquiera que se entere te hacen por ser enfermero. Yo os prometo que a veces me quedo a cuadros con las preguntas, tipo (caso real):
         —¿He de preocuparme por tener mucha electricidad estática? Últimamente me dan calambres las cosas...
        
         ¿Entendéis ahora el título "Una es enfermera aunque no quiera"? Porque aunque a mí ayer me vino bien para solventar mi accidente doméstico hay veces que sufres al ver enfermedades, malos hábitos, o comportamientos nocivos en la humanidad ajena a ti a la que no puedes pararte a aconsejar para que no piensen que eres un metomentodo.
         Y ahora, aprovechando que he escrito esta entrada y que el Pisuerga pasa por Valladolid, os voy a contar todas esas novedades que tengo (aunque ya sabéis cual es la más importante).
         Ha salido mi nuevo libro: Quiéreme si no te abrazo. Es la continuación de Abrázame que no te quiero y está gustando mucho, o eso me dicen, "hasta más que el primero". Os invito a que le deis una oportunidad a "mi cielo", seguro que no os deja indiferente y os lo pasáis muy bien este veranito. Deciros que Abrázame ya va por la tercera edición... (¡yuhuuuu!). Os adjunto el link del trailer  https://www.youtube.com/watch?v=vHWln086n7g


         -Este domingo (22) por la mañana me podréis ver en la feria del libro de Fuenlabrada (junto al pollo Pepe o la patrulla canina) en la caseta de la librería Bravo.
        - El sábado 28 (sí, el de la Champion),¡¡¡¡¡ estaré en la Feria del Libro de Madrid!!!! en la caseta de la librería Atenas (165), por la tarde, antes del partido (no seáis ansias, da tiempo a todo). Y me gustaría, que ya que han apostado por mí, firmar algún librito. ¡Venga, animaos! Aunque sea por verme como una peonza.


        - El 4 de junio, de 15.30 a 17.30 regresaré a la Feria del libro para un encuentro con escritoras de mi editorial (kiwi) y lectores, donde habrá sorteos, y ya podréis adquirir mi nueva historia que está incluida en el libro Summer love que justo sale el día después y las tres escritoras que participamos os lo podremos firmar.


         -El viernes 17 de junio presentaré junto a Kate Danon, Summer love en la librería Bravo, Fuenlabrada.

         Y no os aburro más... ¡Ah, sí! Como habéis llegado hasta aquí os merecéis un sorteíto. Tengo (no queráis saber porqué) un kindle (formato digital de Amazon) de Quiéreme si no te abrazo. Si compartís esta entrada en facebook y me etiquetáis para que os pueda numerar, el domingo 29 sorteo el libro (que os repito no queráis saber porqué me lo he descargado si yo no tengo kindle).
         Un abrazo a todos.

        
        

         

lunes, 8 de febrero de 2016

LA GUINDA DEL PASTEL



         Cómo han pasado los años, las vueltas que da la vida...
         ¿Quién no se ha dicho esto alguna vez cuando se ve frente a un plato de lentejas y se le hace la boca agua cuando de joven no quería ni olerlas?
         Los gustos van cambiando. Las preferencias van cambiando. La escala de valores va cambiando. El cuerpo, también ( en un 99%  de los casos, a peor).
         Si a mí me hubieran dicho cuando tenía veinte años que cuando llegase a los treinta y cinco iba a preferir quedarme en casa un viernes viendo «Tu cara me suena» a salir a cenar y pegarme unos bailes, le hubiera respondido al aprendiz de clarividente:
         —¡Tú estás chalao!
         Si el chalao, jugándosela de nuevo, me hubiera vaticinado que con los treinta y cinco iba a preferir una quedada con amigos en una casa, en horario de comida, con la música bajita para poder hablar, que salir por la noche a darlo todo, le hubiera increpado con total convencimiento:
         —¡Mira, qué no! ¡Eso es imposible! ¡No tienes ni idea! ¡A mí me encanta la noche! ¡Yo sé quién soy!
         Y el caso es que alguna vez me lo dijeron, y aunque no recuerdo exactamente quién y cuál fue mi respuesta (mi memoria vino estropeada de serie), sé que hube de contestar algo similar a lo anterior.


         El primer contrato que me hicieron de enfermera fue en Urgencias en turno de mañana. Bien y mal. Bien porque era en Urgencias, mal porque era de mañana. Claro que apenas hice porque las cambié todas.
         Por todos es sabido en el ámbito hospitalario que cambiar el turno de la mañana a la tarde es infinitamente más sencillo que al contrario. Quien tiene la mañana tiene el poder. Este es el porqué de esta entrada. Nunca pensé que una de mis mayores aspiraciones en la vida iba a ser la misma que la de los demás compañeros de fatigas. Nunca creí que aquello por lo que la gente discute, se clava algún que otro cuchillo y pide como su más preciado deseo a La Fontana de Trevi, iba a ser el mío.
         Porque si hay algo que el trabajador (de más de treinta años) anhela en el hospital, si hay algo deseado y envidiado a partes iguales, si hay algo por lo que más de uno vendería su alma al diablo (en argot poético, en argot hospitalario es trabajar hasta en medicina interna o geriatría) es conseguir el TURNO DE MAÑANA.
         El "de ocho a tres" no es nada fácil de lograr, amigos. Eso y ser fijo son la guinda del pastel del sanitario; eso te hace ir con la cabeza alta por Ibiza aunque vistas una talla cuarenta y cuatro; eso es mejor que Christian Grey en el cuarto rojo dispuesto a darte un repaso.


         Son incontables las de "guerras civiles" que se han dado en cada servicio de cualquier hospital por el reparto de mañanas. Os confieso que nunca me he informado al completo (es una técnica que uso cuando no me quiero cabrear, prefiero no saber), pero hay multitud de "leyes o leyendas" que los interesados repiten como el credo. Os redacto las más contradictorias:
         •En caso de haber contratados interinos o eventuales en turno de mañana y fijos en tarde, los fijos pueden pasar a la mañana y desplazar a los eventuales (siempre y cuando estos no sea familiares de cualquier directivo hospitalario).
         La otra versión:
         •Si el fijo no ha consolidado su plaza en turno de mañana, se quedará en el turno de tarde, aunque haya contratados en mañana (y eche espuma por la boca, oreja o anexos).

         Sé que es un poco complicado de entender (tipo alcalde, vecinos, alcalde...) y más si no trabajas en este sector, pero para explicarme mejor:
         Depende donde trabajes se hace una cosa u otra y ya te puedes poner rojo como el famoso emoticono que no tienes nada qué hacer.
         Y ahora me hallo en una disyuntiva cuando menos desveladora. El lunes que viene, los fijos, en el hospital en el que trabajo elegimos ubicación y turno. Va por orden de puntuación (tiempo trabajado) y pese a que en alguna entrada (leed los comentarios de "Tensiones en la planta") me tildaron de "vieja gloria", soy de las últimas en elegir... ¿Y sabéis qué? Después de todo lo anteriormente citado imaginaréis que:
         ¡¡¡Quiero la mañana!!! ¡¡¡Quiero la mañana!!! ¡¡¡¡¡¡Quierooooo la mañaaaanaaaa!!!!
         Lo que antes era:
         —¡Puaj, qué madrugón!
         Ahora se ha convertido:
         —¡Ufff, salir a las tres! ¡Qué pasada!
         Lo que antes era:
         —Paso de la mañana, hay muy mal ambiente.
         Ahora es:
         —Tú dame mañana y el ambiente ya lo creo yo.
         Lo que antes era:
         —¡Trabajar un sábado y un domingo de mañana! ¡Qué horror! ¡No puedo trasnochar.
         Ahora es:
         —¡Trabajar un sábado y un domingo de mañana! ¡Qué guay! ¡Puedo comer con mi familia, tomar cañas con los colegas, ver a mi sobrino!
         Las vueltas que da la vida...
         Tengo una semana para valorar si quedarme en la tarde y salir ¡a las diez en el frío invierno! o irme (si queda algún hueco) a un servicio donde se trabaje mucho y regular (porque para uno bueno no me llega) a costa de ese ansiado ocho a tres. Y como he empezado con una canción, acabó con otra un poquito versionada:
         ¿Qué pasara? ¿Qué servicio habrá? Puede ser día o noche...tan, tan tan...
         Esta vez sí que os ruego comentarios. Necesito ayuda.