miércoles, 4 de junio de 2014

YO NO QUIERO SER «ESA ENFERMERA».

Yo no quiero ser «esa enfermera». Tampoco quiero ser la mejor, ni las más docta, ni la más amable, ni la más eficiente; lo que sí sé es que no quiero ser «esa»…
         Ésa que cuando falleció mi abuela administro solinitrina sin bomba de perfusión y sin dirigirnos la palabra, saltando a la vista que andaba cabreada porque el médico se lo había pedido urgente. O ésa que no hizo ni caso a mi madre cuando la operaron por primera vez  y como respuesta (involuntaria, pero merecida) a su desdén, mi santa progenitora la vomitó enterita. Ni tampoco ésa que este viernes abochornó a nuestra profesión con su desprecio más que perceptible por un paciente de 32 años, paciente que a las pocas horas falleció. La hermana de esta vida que ha desaparecido, compañera de profesión, lloraba incrédula e impactada por la perdida de su hermano. Imaginaos el discurso: errante, conmocionado, tremendamente triste, en el que las palabras se veían desplazadas por las lágrimas en tantas ocasiones. Al relatarnos lo sucedido, destacaba la ira y la rabia hacia la enfermera de la tarde, puesto que, en su percepción, se había comportado como una déspota durante todo el turno. Por lo visto, ignoró al paciente en contadas ocasiones y cuando se vio en la obligación de ir, soltó varias frescas, de esas que no se olvidan, sobre todo si tu hermano se muere súbitamente pocas horas después.
         Y me duele, me duele que demos esa imagen. Me duele mucho.
         Presenciamos, por suerte o por desgracia, momentos transcedentes en la vida de la gente, y aunque es nuestro trabajo, nuestra rutina, debemos repetírnoslo a diario. No sabemos qué es lo puede suceder, cada vez  me doy más cuenta de que la vida es una ruleta e ignoramos cuando va a caer la bolita en nuestra casilla. Por eso, puesto que trabajamos para gente que está viéndose con todas las papeletas de que les caiga la bolita, con personas altamente preocupadas por su identidad, por su futuro, qué os parece si os digo, que ahí reside la importancia de nuestra profesión: empatizar y acompañar, sin caer rendido. Esto es difícil de practicar  y muy fácil de descuidar.






  Yo opino que con una simple sonrisa, con una escueta explicación, podemos convertirnos en alguien que está ejerciendo bien su profesión, sin más, y a pesar de que no te lo agradezcan, ni recuerden tu cara jamás, nunca seremos «esa enfermera». Yo, por lo menos, prefiero ser invisible.

         ¡Cuidado! No le cargo a ella con esta desaparición, ¡noooo! En la maléfica ruleta, le tocaba a él, le habría tocado de todas formas. Esa enfermera no será la responsable, esa enfermera probablemente piense que hizo bien su trabajo, esa enfermera estará estresada, seguro, segurísimo; pero yo, lo siento, puedo entenderte compañera, pero no quiero ser tú... aunque como sigan así las cosas, vete a saber. En parte, escribo esta entrada para recordármelo a mí misma:



         
         Este blog se llama Soy enfermera y me enfermo cada vez que lo pienso, y si me estáis siguiendo, suelo meter mucha caña a las familias que hay por mi unidad, porque desconfían de nosotros, porque nos tratan muy mal, porque no saben ni de cerca lo que es una enfermera; pero por contrario que parezca esta entrada, vengo a hablar de lo mismo, de las malas formas que tenemos unos con otros. Se nos está yendo de las manos, se nos está olvidando que el de enfrente es un ser humano que siente y padece como tú. En todos los ámbitos. En todos.

         Triste por esta muerte absurda, no me queda más que enviarle todo mi ánimo, mi energía y mis condolencias a esa familia y a él; esa vida tan joven que ha dejado de latir, «JS» te prometo que cuidaremos de tu hermana. Os vamos a ayudar a asimilar la cruda verdad. 

6 comentarios:

  1. Por muy a disgusto que, en ocasiones, hayas podido sentirte en tu trabajo, me alegra que vuelvas a encontrar, aunque sea una pizca, aunque sea por un instante esa inspiración, esa vocación, que te animó a estudiar tanto para estar donde estás.

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  2. El problema es que en el gremio de la enfermeras (como en cualquier otro) lo que hay son personas, cada una con su personalidad y su caracter. Y a veces no son el adecuado, ni dentro ni fuera de turno.
    Vosotras estáis estresadas por vuestra carga de trabajo, las familias al borde de la desesperación por la falta de informacion. Es normal que salten chispas. Pero está en cada uno en dar lo mejor de si en cada momento.
    Yo que viví en el hospital durante los últimos 6 meses de mi padre, puedo asegurar que no recuerdo sus caras, pero si sus sonrisas cansadas, sus palabras de aliento y el ruido de sus pasos corriendo todo el dia. También el extremo contrario, aquella falta de atención, de palabras y de un simple buenos días.
    No hay nombres, solo personas, en ambos lados, cada una con sus problemas y su propio duelo.

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  3. Yo conozco a esa enfermera y te puedo decir q es una oersona encantadora q esta muy pendiente de sus pacientes lo mismo q de las familias. He trabajado muchas veces con ellay jamas la he visto dar una fresca. Siento muchisimo lo del hermano de tu amiga es algo q no debria pasar en ningun momento, es muy duro q un familiar muera y mas en esa situación. Esa enfermera te puwdo decir q no lo eata pasando bien, no voy a excusarla pero tambien hay q ver tidas oas circunstacias q habia ese dia tanto en la urgencia como el paciente. Creo q no se debwe juzgar a nadie, q eao puede llevar asituaciones dificiles y no me parece justo q se tete asi a "esa" enfermera

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  4. El trabajo de la enfermera es duro, muy duro... lleno de momentos llenos de espanto y llenos de dolor y angustia. Ser enfemrera no es nada fácil y muchas veces, por desgracia, nos llegamos a plantear si no nos habremos equivocado. A mí me ha pasado unas 10.000 veces o 10.000 millones de veces, no sé.
    Gran entrada amiga, gran entrada y grande el caso!
    Besos miles, a ti y todos los colegas!!

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