miércoles, 10 de diciembre de 2014

MISTERIOS ENFERMEROS

      Mi siguiente novela va de misterio (os adelanto un cachito), y me he dicho: «¿Y por qué no escribes tú esos misterios enfermeriles que tanto nos molestan?» Y allá voy, empezando por el clásico de los clásicos:
         ¿Os suena esta secuencia?
         1)Boli cayéndose, desde el bolsillo de un enfermero, al suelo.
         2)Enfermero que se agacha (tirando de lumbares o de rodillas, dependiendo de la edad), y recoge su objeto perdido.
         3)Cuando el enfermero está prácticamente incorporado (antes nunca), el resto de bolis saltan misteriosamente del bolsillo, envidiosos del anterior que se lanzó al vacío a explorar mundo.
         4)Enfermero (resoplando o gruñendo, depende de las horas trabajadas), que se vuelve a agachar a recoger a los intrépidos.
         5)Cuando el enfermero está prácticamente incorporado (antes nunca), el resto de objetos del bolsillo (vías, tapones, tijeras, pinzas, rotuladores con punta fina, rotuladores gordos, compresores, agendas, jeringas, sueros, toallitas desinfectantes, planillas en pequeñito, móviles, xumadoles, orfidales…, etc.), saltan al vacío en un tercer arranque trotamundo.
         6)Enfermero (bufando en un 99% de las veces), que se vuelve a agachar a recoger el material.


       
        No, no somos Mr Bean, (ni tenemos tiempo), es que deberían inventar algo. Porque como no somos tontos, y esto nos ha sucedido incontables veces, cuando nos agachamos, con la manita que nos sobra protegemos un bolsillo, pero los otros dos no (nuestros pijamas suelen tener 3) y es de ahí de donde caen los malditos...  Pensando en el futuro, seguro que los enfermeros del 2600 (por la selección natural), nacerán con cuatro manos; el resto habrán muerto de atroces lumbagos.


         

        Pero hay otro misterio que molesta más… mucho más, por lo menos a mí. Os muestro una foto.


         
       ¿Os dice algo? Si, verdad… Para los que no sois enfermeros, si alguna vez vais a un hospital, y veis aun enfermero actuando como si tuviera un brote psicótico: levantando cosas, yendo y viniendo, entrando en cada una de las habitaciones con cara de preocupación sin mirar al paciente y sí a las mesillas o pies de cama, yendo y viniendo de nuevo, levantado hasta la torre del ordenador, agachándose en el suelo… No, no se ha vuelto loco, es que ha perdido la chuleta (o guardia).
         Otro gran misterio sin resolver, ¿a dónde irán las chuletas? ¿Tienen pies? Y que levante la mano quién del cabreo, después de buscarla por todos sitios, no se ha puesto un poco más intrigante y rascándose la barbilla ha pensado:
         ¿Me la habrá tirado alguien? ¿Alguien me odia en silencio tanto como para tirarme la chuleta? (en mi caso siempre me viene a la cabeza la señora de la limpieza, que es para hacer un blog entero).

         Y como no hay dos sin tres, otro tercer misterio enfermeril, es:
         ¿Por qué se acaba la batería de tensiómetro en la última habitación del pasillo? ¡¡¡Arrjjjjjj!!!!
         Él, el tensiómetro, que no tendría sentido si nosotros, que nos debe su existencia, te la lía a la que puede y se espera a que llegues a la habitación más lejana al control para apagarse sin previo aviso. ¿Querrá que adelgacemos andando? ¿O es que está harto de ser aparato de la tensión (que debe ser un rollo tremendo) y se divierte haciendo maldades?




         Después de esta entrada es posible que nos cuadre mucho más que Agatha Christie fuera enfermera. Hay tantos misterios enfermeros que podríamos llamar a Iker y a su equipo de Cuarto milenio. Os invito a que comentéis más; lo mismo nos dedican un programa, mira tú…

         Besos.

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